miércoles, 10 de diciembre de 2025

UN DÍA DE LUTO

 


Un día de luto

Diez de diciembre. El día internacional de los derechos humanos. ¿Celebrarlo? ¿Conmemorarlo? ¿Decir sentidos discursos, encendidas palabras, profundas reflexiones? Hoy, el día de los derechos humanos nos enfrenta al más dramático y trágico de los absurdos. Como pocas veces, y nunca, me atrevo a decir en los días de mi larga vida, ha quedado claro que los derechos de los humanos no existen, ha quedado remitido a un simple eslogan, a unas palabras sin sustento, sin relevancia, sin peso.

Hoy, los derechos de todos son absorbidos por algunos, ensoberbecidos por el poder, convencidos de ser los dueños de las vidas de todos, dispuestos a determinar la muerte de quienes no les agradan o nos les sirven a sus mandatos tiránicos. Embanderados en democracias falsas y ridículas, desde el pináculo de su crueldad, todavía pretenden erigirse como los salvadores del mundo, como los poseedores de las soluciones para los males que nos aquejan, la mayoría absoluta de los cuales son provocados por ellos mismos y sus repugnantes maquinarias de opresión y muerte. Si por sí solos, no fueran lo más repudiable y devastador que le ocurre a la humanidad, debemos sumar con un asombro que no tiene fin a quienes, aun alejados de esos niveles de poder, cinismo y maldad, son incapaces de reconocer el peligro en el que nos encontramos todos y quienes con su decisión de no saber o de mantenerse fieles a ideologías que piensan que los representan, hacen crecer el lodo en el que todos podemos sucumbir un día y en el que muchos ya lo han hecho, quedando sepultados para siempre.  

Hoy, este día sin sentido, está marcado por el silencio sepulcral que ha engullido las risas de los niños, en los golpes y agresiones de policías de países del primer mundo (dicho esto con mi más profundo desprecio) a ancianos indefensos por manifestarse por esos niños, nietos de otros abuelos como ellos. Hoy, seres que que un día quisieron buscar mejores posibilidades en tierras propicias, son cazados como si fueran lo peor de la especie. Hoy, este día está bastardeado por premios que insultan la más elemental inteligencia y pretenden, como en otras ocasiones, dignificar a quien carece de méritos.

Hoy, reina el caos, la desorientación, la ignorancia, la perversidad. Hoy, la muerte es protagonista.

Aunque creamos y sepamos que nuestra incidencia en el mundo es insignificante, no renunciemos a cumplir nuestro rol. Una palabra, un gesto, una acción. Tal vez un día logremos multiplicarlas. Así como el mal está en muchos lados, el bien también lo está. En este día de luto, en estos días de duelo, intentemos un abrazo impostergable con todos los que queremos la vida, con todos los que la respetamos como lo más preciado y aborrecemos a los abyectos que se adjudican el derecho de atentar con toda impunidad contra ella.

Reivindiquemos a la empatía, a la solidaridad, a la tolerancia, con firmeza, con convicción y con honestidad. Comprendamos la despiadada brutalidad de la hora que estamos viviendo.

Aloma Sellanes

10 de diciembre de 2025