Un día de
luto
Diez de diciembre.
El día internacional de los derechos humanos. ¿Celebrarlo? ¿Conmemorarlo? ¿Decir
sentidos discursos, encendidas palabras, profundas reflexiones? Hoy, el día de
los derechos humanos nos enfrenta al más dramático y trágico de los absurdos. Como
pocas veces, y nunca, me atrevo a decir en los días de mi larga vida, ha
quedado claro que los derechos de los humanos no existen, ha quedado remitido a
un simple eslogan, a unas palabras sin sustento, sin relevancia, sin peso.
Hoy, los
derechos de todos son absorbidos por algunos, ensoberbecidos por el poder,
convencidos de ser los dueños de las vidas de todos, dispuestos a determinar la
muerte de quienes no les agradan o nos les sirven a sus mandatos tiránicos. Embanderados
en democracias falsas y ridículas, desde el pináculo de su crueldad, todavía
pretenden erigirse como los salvadores del mundo, como los poseedores de las
soluciones para los males que nos aquejan, la mayoría absoluta de los cuales son
provocados por ellos mismos y sus repugnantes maquinarias de opresión y muerte.
Si por sí solos, no fueran lo más repudiable y devastador que le ocurre a la
humanidad, debemos sumar con un asombro que no tiene fin a quienes, aun
alejados de esos niveles de poder, cinismo y maldad, son incapaces de reconocer
el peligro en el que nos encontramos todos y quienes con su decisión de no
saber o de mantenerse fieles a ideologías que piensan que los representan, hacen
crecer el lodo en el que todos podemos sucumbir un día y en el que muchos ya lo
han hecho, quedando sepultados para siempre.
Hoy, este
día sin sentido, está marcado por el silencio sepulcral que ha engullido las
risas de los niños, en los golpes y agresiones de policías de países del primer
mundo (dicho esto con mi más profundo desprecio) a ancianos indefensos por
manifestarse por esos niños, nietos de otros abuelos como ellos. Hoy, seres que
que un día quisieron buscar mejores posibilidades en tierras propicias, son
cazados como si fueran lo peor de la especie. Hoy, este día está bastardeado
por premios que insultan la más elemental inteligencia y pretenden, como en
otras ocasiones, dignificar a quien carece de méritos.
Hoy, reina
el caos, la desorientación, la ignorancia, la perversidad. Hoy, la muerte es
protagonista.
Aunque creamos
y sepamos que nuestra incidencia en el mundo es insignificante, no renunciemos
a cumplir nuestro rol. Una palabra, un gesto, una acción. Tal vez un día
logremos multiplicarlas. Así como el mal está en muchos lados, el bien también
lo está. En este día de luto, en estos días de duelo, intentemos un abrazo impostergable
con todos los que queremos la vida, con todos los que la respetamos como lo más
preciado y aborrecemos a los abyectos que se adjudican el derecho de atentar con
toda impunidad contra ella.
Reivindiquemos a la empatía, a la solidaridad, a la tolerancia, con firmeza, con convicción y con honestidad. Comprendamos la despiadada brutalidad de la hora que estamos viviendo.
Aloma Sellanes
10 de
diciembre de 2025






