Un niño de
once años le preguntó a un soldado:
- ._ ¿Amas a tu padre y a tu madre?
- _ Sí _ le respondió
- _ Entonces,
¿por qué matas a mi padre y a mi madre? _ le preguntó.
La respuesta
del soldado fue darle un puñetazo en la cara.
Poco antes
ese soldado junto con otros habían abierto fuego contra el auto donde viajaba
el niño junto a sus padres, sus dos hermanos menores, todos asesinados, y otro
hermano que logró sobrevivir.
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En cualquier
época y lugar, el niño es una triste víctima inocente y el soldado un vil y
cobarde asesino, tan vil, cobarde y asesino como quienes le dan las órdenes, que en su soberbia, codicia e ignorancia se creen con el poder de quitarle la vida a cualquier ser humano. Al niño le será muy difícil tener sueños serenos después de lo que vivió. Tal vez, el soldado, si un día toma conciencia del crimen que cometió, no encuentre paz en sus sueños nunca más.

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