domingo, 12 de abril de 2020

martes, 24 de marzo de 2020


Presiento una noche triste

Que el Uruguay está dividido en dos mitades no es novedad para nadie, y claro que no me refiero a la separación geográfica que determina el Río Negro. Se ha repetido una y otra vez que estamos viviendo el momento más duro de nuestra historia (coincido, y doy fe, por lo menos en los sesenta años que de ella he vivido) y ante una situación límite no cabe duda de que son los valores los que pueden ayudarnos enormemente a sobrellevar el momento. Si no desenterramos valores como el respeto, la empatía, la solidaridad, la honestidad y todos los que engrandecen el espíritu humano, nos disponemos a la lucha en enorme desventaja.  

Ya hemos visto que comportamientos diversos, individuales y colectivos han puesto bien de manifiesto que el otro importa poco, con tal de conseguir mezquinas e irresponsables gratificaciones pasajeras. De todos modos, es necesario no perder de vista que la enorme mayoría de la población ha hecho las cosas como es debido.

Esta convivencia forzosa en la que estamos, por supuesto que tiene sus riesgos. Nos hemos acostumbrado a un “toco y me voy” en las relaciones de pareja, pero también con los padres y aún con los hijos. Por eso, este tener que compartir las 24 horas de muchos días, de un momento para otro, debe hacer florecer lo mejor, lo mejor, de nosotros mismos.

La búsqueda de la calma es absolutamente indispensable, y lo es a todo nivel, individual, familiar, en la vecindad, en las redes… siempre será preferible un respetuoso silencio a una palabra de ira, de odio, de intolerancia, y estas en este caso pueden estar relacionadas con la saturación, lo que puede manejarse o pertenecer al rango de emociones de primera mano, lo que es más difícil de controlar.
Dentro de este contexto, tengo la inquietante impresión que mañana a la noche las dos mitades del país distanciadas políticamente se enfrentarán a través de balcones, ventanas y azoteas, para defender con vehemencia lo que cada una de ellas entiende por justo. No necesitamos eso. No necesitamos un Nacional-Peñarol sin pulmones de distanciamiento. No necesitamos de un fanatismo irracional (me pregunto si algún fanatismo no lo es). Posturas, actitudes y decisiones que disgustan y con las que no se comulga han existido siempre, pero este momento sin parangón, demanda que exhibamos respeto, paciencia y serenidad, algo de lo que hace tiempo no hacemos gala.

Es absolutamente carente de inteligencia y sensibilidad buscar victorias vanas.  

Presiento una noche triste, pero ojalá esté profundamente equivocada. El mucho andar me ha enseñado a alejarme de la mediocridad condescendiente del “¿viste? yo te dije…”

Orientales, no sabemos cómo quedará el mundo después de esta tragedia, pero tengamos en cuenta que podemos llegar a convertirnos en un bocado sabroso que, si está irreconciliablemente partido en dos, será mucho más fácil de engullir. –

Aloma
Veinticuatro del tres de dos mil veinte

(Aunque la frase final parece una arenga multitudinaria, no creo que lo lean más de dos o tres familiares y amigos. Recibo comentarios gustosa e invito a tomar un café con torta en casa, después que pase todo esto, para hablar de diferencias, entendimientos y reconciliaciones).

viernes, 27 de diciembre de 2019




LLUEVE
Llueve hoy.
llueve hoy y llueve antes
aquella noche de infancia sabiendo
que a uno nadie le preguntaba
por qué era feliz

que más pedir que aquellas gotas mojando
mis botas nuevas
que aquel olor a lluvia inundando
la espera de mi madre
junto al árbol que siempre estuvo
a medio morir creyendo
que la lluvia era la eternidad

en aquella soledad de mi calle gris
mi tía me vigila desde la pequeña ventana
mi tía, que sin parir, me tuvo a mí
yo entonces no sabía
que la muerte sí es segura
y el cielo no se sabe

Llueve hoy.
Llueve hoy y llueve antes
aquella noche de infancia sabiendo
que a uno nadie le preguntaba
por qué era feliz

Llueve hoy.
No.
Llueve antes
porque después nunca más
ha vuelto a llover otra vez

Aloma
26/1/92

                                                                                   

domingo, 24 de junio de 2018

Haremos una ronda...

Hace algunos meses, me desperté a las 4 de la madrugada, algo habitual de cada día; al revisar el móvil, en el grupo de amigos de la infancia y ex compas de cole que compartimos, el negro Gerardo desde el otro lado del Atlántico nos contaba que en poco rato se iba a someter a un estudio en su cabezota, tan grande como pensante, por algo que andaba molestando por allí. El mensaje tenía un olor a despedida que paralizaba. A las cuatro de la mañana, en este lado del mundo, la mayoría de los mortales normales, duerme, por eso había una sola respuesta a su mensaje y luego la mía, dándole todo el aliento que correspondía. Me levanté, encendí la pc, abrí un Word y lloré, lloré mucho, con temor, con bronca, con tristeza. Además de Gerardo, por aquellos días, Pat, otra amiga del alma, andaba luchando contra una perversa enfermedad. Por eso escribí este poema, cuyo valor literario me importa absolutamente nada. Hoy, los dos están bien y así seguirán por mucho tiempo más. Pero la ronda de los amigos, habrá que hacerla algún día, en ese tiempo que no se mida y en ese espacio que no limite. 

Haremos una ronda
En algún rincón del tiempo cuando ya no se mida
En algún lugar del espacio que ya no limite
Tal vez todos jóvenes, tal vez todos niños
Sin enfermedad, ni ocaso, ni soledad,
Haremos una ronda interminable a la que llegarán los amigos
Para no irse nunca
Una ronda en la que habrá tanto amor
Que el alma sabrá de sonrisas pero no de lágrimas
Donde entenderemos todo
 lo que antes no comprendimos
Haremos una ronda en la que nunca danzará el miedo,
el abandono y la incertidumbre
y en la que cada espíritu
estará unido al otro
Sin separación, sin tristeza
Sin final

Aloma Sellanes
Noviembre 2017


Despedida


 DESPEDIDA


El verano se hace a un lado
el mar que viene a buscarnos
cada tanto
observa indiferente
la despedida de un tiempo
que le permitió atraparnos
seducción imponente
entrega incondicionada

Recorremos los pasillos de este lugar inmenso
las puertas cerradas
no dejan pasar a los amigos
sus pomos
son la mano de la ausencia
nosotros también nos iremos
nos esperan los lugares de bullicio
y cementerios

Lejos del mar
y de los problemas lejanos
habrá que volver a hacer la vida
que aquí sólo pasa
Tres estaciones nos separan
del futuro e incierto ciclo
de encuentros y despedidas
de certezas y novedades

Él se queda
ignora por qué nos vamos
permanece siempre
cambiante entre la furia y la calma
único, indescifrable
obstinado en su presencia
sin nosotros, en nuestra soberbia,
vulnerable

Aloma Sellanes  (Verano del 96)

domingo, 29 de octubre de 2017

¿Permanencia?


¿Permanencia?


Si pasa el río
Si pasa la flor
y el rocío
Si pasa la caricia
Si pasa la ilusión
y el delirio
Si pasa tu amor
y pasa el mío
Si pasa el llanto
y el enojo
Si pasa la cuna
y la inocencia
Si pasa la pasión
y el hastío
Si pasa el viento
y el hechizo
Si todo pasa
¿sólo la muerte?
¿sólo la muerte?
¿sólo la muerte
llega para no pasar
 y  permanecer?


Aloma Sellanes
junio 2017

jueves, 2 de marzo de 2017

EN ESTE TIEMPO DE AMARNOS POR UN RATO



EN ESTE TIEMPO DE AMARNOS POR UN RATO
No me atrevo a llamarte…
no sé qué decir después del hola,
porque conozco la respuesta cuando te pregunto cómo estás
porque en cada huequito de las palabras está ella… ella, que ya no está.
Y en este tiempo de amarnos por un rato,
en estos tic tacs de intolerancia y egoísmo, en los que mirar por el otro
no es una opción, ese amor que se tuvieron
es mucho más sagrado que cualquier religión
El jazmín que floreció de sus manos
y que sus manos no pudieron recoger
es la señal de la dulce y amarga apuesta  
de un más allá posible
en un aquí inexistente
No me atrevo a decirte
que en este tiempo de amarnos por un rato
esos más de sesenta años que compartieron
fueron una extraña bendición
porque para vos no es tiempo de agradecer
sino de echarla de menos
en cada segundo y en cada rincón
                                                                                                           
Aloma Sellanes
Diciembre 2016 

Para Jorge y Matilde, cuyos dos nombres al mencionarlos, siempre tuvieron un solo sonido, mágico e indivisible y cuya historia inspiró este poema.-