viernes, 13 de junio de 2025


 Y estoy hablando como siempre y en primer termino de los niños. Pero no solo de ellos

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martes, 20 de mayo de 2025

 

LOS NIÑOS DE GAZA

¿Qué palabras digo? ¿Cómo puede ser necesario tener que argumentar que a los niños no se los toca? Se les respeta su inocencia, su vulnerabilidad, su incapacidad absoluta para defenderse de miserias, de crueldades, de violencias. Todos los niños deben ser intocables, todos, no hay excepciones. Sin embargo, hay seres que reúnen lo peor de todas las definiciones que los están masacrando y siguen adelante exultantes, ensoberbecidos por su poder militar que no es otra cosa que una repugnante maquinaria de cobardía que actúa contra seres inocentes, indefensos, que mueren por miles a causa de las bombas, del hambre, que mueren por carencia de medicinas, por ausencia de médicos que han muerto también víctimas de ataques viles.

Todas las reacciones son tardías, todo lo que escribamos llega a destiempo, todo resulta tan trágicamente insuficiente y el peso de la culpa por no actuar, es grande cuando no se puede e inconmensurable cuando no se quiere.   

¿Cómo puede entenderse que sea necesario implorar?:

DEJEN DE MATAR A LOS NIÑOS.

 ¿Cómo puede ser posible que los sigan matando?

Aloma Sellanes

20/05/25




viernes, 16 de mayo de 2025

AUSTERIDAD

 

 Ambos nacieron en el Río de la Plata, a mediados de los años 30 y acaban de despedirse del mundo con pocos días de diferencia, acaparando la atención del planeta. Elegí una foto de uno de sus encuentros, para ilustrar, pero la mirada global sobre ellos es de tal magnitud que ni siquiera debo sumar sus nombres.

Poco puedo añadir a las innumerables palabras que se han dicho y escrito, pero hay una, sumamente valorada, que me resuena como una de sus características fuertemente compartida: austeridad. Se la resalta una y otra vez, con uno y con otro, haciendo por demás evidente que, a una parte muy significativa de la humanidad le importa mucho que los guías en el terreno religioso/espiritual y los conductores políticos, hagan de la austeridad un sello distintivo.

Es entonces que me surge una pregunta cuya respuesta no obtengo con claridad: si tanto deseamos líderes austeros, ¿vivimos nosotros mismos en la austeridad? ¿Qué tan austeros somos? ¿Acaso no sería mucho más frecuente encontrar líderes austeros, si el común de los humanos hiciéramos de la abolición de los excesos una práctica constante? ¿Existe una suerte de incoherencia entre los conductores que pretendemos y las vidas que llevamos?

Obviamente mi pregunta no va dirigida a los más desfavorecidos, siempre condenados a vidas de privaciones, en las que las carencias son los únicos excesos que conocen.

Ojalá que la austeridad se convierta en algo más que una virtud a admirar y aplaudir. Que la convicción nos ayude a cultivarla.

Aloma Sellanes

Mayo 16, 2025




 


domingo, 27 de abril de 2025

jueves, 24 de abril de 2025

TAN SOLITA...


 

TAN SOLITA...

La primera imagen de esta mañana, dentro de esta semana en la que todo lleva a Francisco, ha sido la de una monja que, entre varias decenas de cardenales y otros funcionarios de la Iglesia, se introdujo en la capilla donde ha sido el primer velatorio del Papa, para tener un primer acercamiento con su amigo fallecido. Juntos se atrevieron a bastante, sortearon límites y en uso de su libertad eligieron ayudar, sin dejar lugar a la indiferencia. Pero no voy a ahondar en un tema sin duda de enorme trascendencia, simplemente trataré de escribir lo que sentí al ver a esa mujer pequeña en sus hábitos de monja, visiblemente jaqueada por el dolor de la pérdida, absolutamente sola… yo la sentí sola, y no pude contener el llanto, un llanto que me ha aflorado muchas veces en estos días, desde que me enteré, en este lado, tan al fin del mundo, que Jorge Bergoglio había muerto.

Pero vuelvo a ella, a esa mujer sola entre muchos, muchos hombres a quienes nadie les cuestiona el derecho a ser los únicos autorizados a estar al lado del cuerpo del Papa. Muchos, muchos hombres y ella, que casi tuvo que escabullirse dentro de un lugar en el que no debía estar, que no le correspondía y en el que, aunque no alcance, le permitieron permanecer. Tal vez cayendo en un error absoluto, se me ocurrió pensar que Francisco, de haber podido, hubiese ido directamente a abrazarla a ella en una demostración de su amistad y de su valía, y no a los muchos, muchos hombres que estaban allí en uso de uno de sus tantos privilegios. De modo más osado, pensé también que si está en otro plano que le permite saber lo que pasa en este, le debe haber pesado enormemente la carga de que las puertas que abrió para las mujeres dentro de una institución dirigida por hombres de un modo apabullante, en sus propias palabras: machista, son, a todas luces, insuficientes.

Ante esa imagen que mucho me conmovió y me perturbó esta mañana, yo, que ni hablo ni escribo utilizando un lenguaje inclusivo, sentí que cuando se habla de la máxima institución católica, y dejando de lado la etimología de la palabra y otras cuestiones lingüísticas, deberíamos decir el Iglesio y no la Iglesia, porque la preeminencia masculina es abrumadora e inapelable.

Más de una vez he escuchado con cierto estupor, y no siempre referido a la religión católica, una afirmación como para eximir de más comentarios y justificar lo improcedente:  Siempre ha sido así, forma parte de la tradición y la cultura. Craso error, inadmisible. Lo que está mal, lo que es injusto, se intenta cambiar aunque lleve siglos instaurado en el comportamiento y aun en las creencias de las mayorías, o, en realidad, en los privilegios de los que mandan.

Me pregunto si no será tiempo de que las mujeres católicas, tanto laicas como religiosas, con respeto, sin estridencias, pero con profunda firmeza y convicción empiecen a reclamar un protagonismo que les ha sido vedado históricamente. ¿Acaso no sería esa, la mayor contribución que le podrían hacer a la religión que profesan?

Al decir del que fue su principal líder durante doce años y hasta hace pocos días, “las mujeres resuelven y resuelven bien… tienen otra metodología, tienen otro sentido del tiempo, de la espera, de la paciencia, diverso al hombre, esto no hace disminuir al hombre, son distintos y tienen que complementarse”.  

Complementarse.

Complementarse.

Del accionar conjunto de mujeres y hombres de buena voluntad, creyentes o no, dependerá en gran medida la suerte futura de los seres humanos sobre la Tierra. Ya deberíamos tener bien claro que los privilegios, las exclusiones y las puertas cerradas solo nos conducen al peor destino. –

Aloma Sellanes

Abril 23/24, 2025

domingo, 6 de abril de 2025

MÚSICA, POEMAS Y DOLLY, LA ESPOSA DE ONETTI

 En un verano de hace ya muchos años, me sedujo la idea de hacer una presentación de música y poemas en un espacio cultural de La Floresta. El año anterior, había presentado allí La Historia Final, con muy buena asistencia y me pareció lindo repetirlo, aunque sin libro alguno para presentar. Como mis aliados para la parte musical, estuvieron los hermanos Nicolás y Emiliano Tchagayán quienes se las ingeniaron para dar un excelente concierto, a pesar de que el piano había decidido acogerse a los beneficios de la jubilación. Con la ayuda de un afinador y la capacidad de los chicos, el virtuosismo estuvo finalmente asegurado. A mí me correspondió elegir unos cuantos poemas para ir diciendo, creo que, de modo intercalado, entre los temas ejecutados por los pianistas, perdóneseme el olvido de algunos detalles. 

Uno de los poemas elegidos era Ya No, de la poetisa uruguaya, Idea Vilariño. Como muchos conocen, la célebre compatriota, mantuvo durante años una apasionada relación con el no menos célebre escritor Juan Carlos Onetti. Esa relación plena de encuentros y desencuentros, guiada por una pasión inmanejable que uno supone que estuvo lejos de brindarles una felicidad genuina, tiene en el poema mencionado uno de los epílogos más bellos y tristes que un amor pueda tener. Las desventuras de un amor, máxime si ocurren entre dos seres de trato sublime con las palabras, pueden subyugar la imaginación de cualquier simple mortal y alimentar los deseos de realizar un relato en el que el vuelo y la levedad se eleven hasta límites insondables. Dentro de ese contexto, había preparado yo la introducción a Ya No. Sería, probablemente, el momento que más podría llegar a conmover a la audiencia, al ponerse la poesía a tono con la intensidad emotiva de la música (algo que nunca se logrará, pero me permito la licencia)

Sin embargo, en los momentos previos a comenzar con la presentación, se acercó a mí una cálida señora que vivía en el balneario, con el fin no solo de saludarme, sino de presentarme a otra que, muy sonriente, me saludó con muchísima simpatía: “Ella es Dolly… la viuda de Onetti”. El impacto fue muy grande. Por un lado, me pareció maravilloso contar entre los asistentes a alguien tan íntimamente ligado a uno de los escritores uruguayos más  importantes y reconocidos; tenerla a ella, era, de algún modo, tener a Onetti. Pero, por otro lado, todo lo que tenía pensado decir sobre Idea y su amor por él, sobre la pasión, sobre el amor y el desamor, sobre Ya No, se hizo trizas en ese mismo instante. ¿Era acaso admisible que yo, sin arte ni parte, hiciera a las palabras volar para hablar de un amor que, seguramente esta agradable señora habría padecido? La más elemental empatía, me decía que no. Ninguna de mis palabras le hubiesen sonado a novedad, por supuesto, pero bajo concepto alguno podía generar en mi recién conocida Dolly, el mínimo disgusto o la mínima incomodidad. Las opciones que me quedaban era decir el poema eludiendo cualquier comentario inconveniente o no decirlo, aunque el programa estaba armado para incluirlo. En este momento y 16 años después de aquella jornada, no tengo del todo claro cuál de las opciones tomé. Sobre el escritorio está la cámara con la que se filmó buena parte del evento y numerosos casetes, uno de los cuales contiene lo que se vivió aquella noche. Pero la filmadora no funciona. No hay forma de que encienda y la necesito para reproducir la filmación. Las precisiones de lo vivido quedan en pausa.   

Toda esta breve historia, vino a mi memoria cuando me enteré que el pasado 21 de marzo y días después de haber cumplido 100 años, Dorothea Muhr, Dolly, falleció en Buenos Aires, teniendo como la faceta más conocida de su vida la de haber sido la esposa de Onetti durante cuarenta años y haber estado junto a él hasta su muerte en 1994. Fue una destacada violinista, pero ese aspecto se conoce poco. No tuve con ella otro contacto que el de aquel día de verano y ahora que ya no hay ninguna posibilidad y como me ha pasado con otros seres que se han ido, siento esa impotencia de no haberla buscado en alguno de mis viajes a la capital argentina y haber intentado un diálogo, que intuyo hubiese sido muy rico, con ella. 

Lecturas posteriores me han develado que Dolly (apodo que no le gustaba) conocía perfectamente lo que sucedía con Idea, y no solo con ella, si no también con otras mujeres que estuvieron alrededor de su talentoso marido. Por las pocas declaraciones que hizo sobre sí misma, aceptó casi sin reclamos el singular derrotero de su existencia. En la eternidad del reencuentro o de la nada, ya está junto al amor de su vida.

Aloma Sellanes

6 de abril de 2025


                                                                  Onetti y Dorothea 

lunes, 31 de marzo de 2025

la creación

la creación 

 

 

Creo conocer el momento exacto en el que el ser humano creó a Dios. Y sé que fue una mujer la que lo hizo. Una mujer que, al ser consciente de su finitud, se enfrentó al momento de hablarle a su hijo de la muerte. No pudo con la cruel verdad. Por eso inventó a Dios, los ángeles y el paraíso.

Después, vinieron otros y se aprovecharon. 

Aloma Sellanes